El trauma ocurre cuando una persona experimenta un evento que amenaza su seguridad física o emocional y que excede su capacidad de afrontamiento. La forma en que el cerebro responde a estos eventos es compleja y se relaciona principalmente con tres áreas clave: la amígdala, el hipocampo y la corteza prefrontal.
1. Activación de la amígdala
La amígdala es la parte del cerebro encargada de detectar peligro y generar respuestas emocionales intensas.
- Ante un trauma, la amígdala se activa de manera rápida y poderosa.
- Esto provoca la respuesta de “lucha, huida o congelación”, liberando hormonas como la adrenalina y el cortisol.
- El resultado es aumento de la frecuencia cardíaca, respiración rápida, tensión muscular y alerta extrema.
2. Hipocampo y memoria
El hipocampo está relacionado con la memoria y la organización temporal de los eventos.
- Durante un trauma, el hipocampo puede funcionar de manera menos eficiente.
- Esto hace que los recuerdos del evento traumático sean fragmentados o se almacenen de manera intensa pero desorganizada, lo que puede dar lugar a flashbacks o recuerdos intrusivos.
3. Corteza prefrontal
La corteza prefrontal regula el pensamiento racional y la toma de decisiones.
- En situaciones de trauma, la corteza prefrontal puede desactivarse temporalmente, lo que disminuye la capacidad de pensar con claridad o evaluar riesgos de manera lógica.
- Esto explica por qué las personas bajo trauma a veces reaccionan impulsivamente o sienten que “no pueden pensar con claridad”.
4. Cambios a largo plazo
Si la exposición al trauma es intensa o prolongada, el cerebro puede experimentar cambios duraderos:
- La amígdala puede volverse hiperactiva, generando ansiedad constante o hipervigilancia.
- El hipocampo puede reducirse en tamaño, afectando la memoria y la regulación emocional.
- La corteza prefrontal puede volverse menos eficaz, dificultando la planificación, el autocontrol y la toma de decisiones.
5. Recuperación y neuroplasticidad
A pesar del impacto del trauma, el cerebro tiene capacidad de adaptación.
- Con terapia, apoyo social y prácticas de autocuidado, el cerebro puede reorganizarse y aprender nuevas formas de procesar emociones y recuerdos.
- Técnicas como la respiración consciente, la meditación y la terapia de exposición ayudan a reducir la hiperactividad de la amígdala y fortalecer la corteza prefrontal.